Desde la mente de una mujer

(aunque no lo admita)

Desde la perspectiva de una mujer —aunque nunca lo diga así de claro—
tu comportamiento decide si eres sexy
o si das vergüenza ajena.

No es tu cara.
No es tu estatura.
No es tu dinero (todavía).

Es cómo te mueves en el mundo.

Un tipo puede ser:
pervertido, interesante, relajado, divertido, intenso, adicto a la vida…
pero no ruin, no necesitado, no mendigo emocional.

Y ese tipo es visto como atractivo.

En cambio…

Un hombre tímido,
demasiado correcto,
demasiado insistente,
demasiado “masculino” repitiendo frases de podcasts,
o simplemente un bicho raro con pocos cuerpos…

Se percibe como inferior.

Más bajo.
Más delgado.
Más pequeño.

Aunque mida lo mismo.

Las mujeres no suelen saber explicarlo.
No lo racionalizan.
No hacen listas.

Pero lo sienten.

Tu presencia las calma o las incomoda.
Las excita o las apaga.
Las hace reír o las pone en modo defensa.

Y eso no se negocia.

Si eres un gusano por dentro,
tu cuerpo lo delata.
Tu voz lo delata.
Tu forma de mirar lo delata.

La atracción no es moral.
No es justa.
No es educada.

Es brutalmente honesta.

Y siempre está observando
quién vive
y quién solo existe.

Aprende el juego
o sigue fingiendo que no existe.